La gran fractura, escribe Fernando Vázquez Rigada
Las tensiones dentro del oficialismo mexicano alcanzan niveles críticos mientras se aproximan las elecciones de 2027, donde se disputarán 17 gubernaturas estatales. La coalición que llevó a Morena al poder muestra fisuras profundas que podrían alterar significativamente el panorama político nacional.
Morena, que cuenta con 11.6 millones de militantes registrados y se ha convertido en el partido con mayor afiliación en la historia de México, enfrenta un desafío estructural: su naturaleza de movimiento político fundado en 2011 por Andrés Manuel López Obrador, más que de partido tradicional, dificulta mantener cohesión cuando el liderazgo del expresidente pierde fuerza.
La coalición gobernante actualmente controla 23 de las 32 gubernaturas del país y 364 diputados federales —72.8% de la Cámara— producto de las elecciones de 2024, donde obtuvieron aproximadamente 54% de los votos. Esta sobrerrepresentación fue validada por el Tribunal Electoral en agosto de 2024, aunque generó controversia por otorgar a la coalición un poder legislativo desproporcionado respecto a su respaldo electoral.
Rupturas en la alianza
El Partido del Trabajo ha roto formalmente su alianza con Morena en estados estratégicos. En Michoacán, el PT presentó a Raúl Morón como candidato propio para la gubernatura de 2027, mientras en Morelos la relación también se fracturó. El coordinador del PT, Reginaldo Sandoval, ha condicionado la continuidad de la alianza al respeto de la identidad de izquierda del partido, señalando que el trato recibido determinará futuras decisiones.
El Partido Verde Ecologista de México, tercera fuerza política del Congreso con 77 diputados y 14 senadores tras obtener más del 8% de los votos en 2024, ha demostrado su capacidad de negociación al lograr modificar iniciativas presidenciales como la reforma antinepotismo. A pesar de gobernar solamente una de las 32 entidades federativas, el Verde mantiene alianzas estratégicas variables y ha anunciado que competirá solo en Ciudad de México rumbo a 2027.
Estados en riesgo para el oficialismo
Sinaloa encabeza la lista de entidades donde Morena enfrenta riesgos electorales significativos. El estado vive una crisis de violencia desde septiembre de 2024 por la guerra interna entre las facciones 'Los Chapitos' y 'La Mayiza' del Cártel de Sinaloa. En mayo de 2026 se registró el mes más violento del año con 123 homicidios intencionales, mientras la Comisión Estatal de Derechos Humanos advirtió que no hay indicios de mejora en la crisis de seguridad.
Zacatecas, Michoacán, Tlaxcala y posiblemente Campeche también se perfilan como gubernaturas vulnerables para el oficialismo. En Chihuahua, bastión tradicional del PAN, Morena aspira a arrebatar el control por primera vez.
De los 17 estados que renovarán gubernaturas en 2027, Morena actualmente gobierna 13 y aspira a conquistar al menos 15, incluyendo territorios de oposición como Chihuahua y Nuevo León. Sin embargo, la combinación de fracturas internas, crisis de seguridad en diversos estados y el debilitamiento del liderazgo unificador de López Obrador pone en entredicho estos objetivos.
Implicaciones para la mayoría legislativa
Un desempeño electoral adverso en estos estados trastocaría el equilibrio de poder del oficialismo y podría comprometer la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, herramienta legislativa fundamental para aprobar reformas constitucionales. Aunque la coalición ha demostrado capacidad para maximizar su representación mediante mecanismos legales de distribución de curules, una derrota significativa en las urnas limitaría estas posibilidades.
El desafío inmediato para el oficialismo es encontrar operadores políticos con capacidad de diálogo y autoridad moral suficiente para contener las fracturas. La definición de apenas 17 de 20,000 candidaturas en procesos anteriores generó descontento en numerosos grupos locales con intereses y ambiciones específicas en cada municipio.
Las tensiones se extienden no solamente entre los partidos aliados, sino hacia el interior del propio gabinete federal, donde diversos grupos compiten por influencia ante la ausencia del liderazgo concentrador que ejerció López Obrador durante años. Esta fragmentación ocurre en un contexto donde se anticipa presión internacional, particularmente de Estados Unidos, ante el avance de la violencia del crimen organizado en estados clave.
La posibilidad de una gran fractura en el oficialismo pasó de ser un escenario remoto a una probabilidad concreta. La pregunta ya no es si ocurrirán cambios, sino qué tan profundos serán y cómo reconfigurarán el mapa político mexicano en los próximos años.






