Las decisiones sobre el patrimonio y el arte público
Hernández Ochoa presenta a Vasconcelos como el primer secretario de Educación de México desde 1920 y valora su gestión como brillante. A partir de ahí, examina los reproches de sus biógrafos, aunque señala que no todos les atribuyen el mismo peso en el deterioro de su imagen como maestro de la juventud de América.
Una de las decisiones cuestionadas fue rechazar la compra pública de los libros y documentos de Genaro Aguirre, que su viuda había ofrecido por una cantidad modesta. La columnista recoge el pesar de quienes apreciaban ese patrimonio, entre ellos expertos de la UNAM, y atribuye el rechazo a la falta de interés por su valor documental, no a una insuficiencia presupuestaria. Finalmente, una universidad de Estados Unidos adquirió el conjunto por más del doble de lo solicitado y pagó en dólares.
El destino del archivo del propio Vasconcelos aporta otro dato a esta cuestión patrimonial. Según una columna de Agustín Gutiérrez Canet en Milenio, sus descendientes lo vendieron a la Universidad de Texas en Austin, donde se conserva.
Hernández Ochoa también aborda la cesión de muros de edificios públicos a pintores célebres favorecidos por el gobierno, que buscaban plasmar mensajes políticos y sociales. Sitúa a Rufino Tamayo y Octavio Paz entre las voces que defendían otra concepción del arte y discrepaban de esa orientación, una discusión que considera todavía vigente.
El respaldo al nazismo desde Timón
La adhesión de Vasconcelos al nacionalsocialismo alemán en los años treinta ocupa otro lugar central en las críticas. La columna recuerda que dirigió Timón, una revista patrocinada por el régimen nazi que dedicó sus 17 números a elogiar sus actuaciones y proyectos.
El semanario, cuyo nombre completo era Timón. Revista Continental, apareció entre el 22 de febrero y el 15 de junio de 1940. Los fondos del gobierno nazi llegaban a través de Arthur Dietrich, agregado de prensa de la legación alemana en México. El Dr. Atl, nombre con el que firmaba Gerardo Murillo, y el escritor Andrés Henestrosa figuraron entre sus colaboradores.
En junio de 1940, el gobierno mexicano cerró y censuró la publicación tras la expulsión de Dietrich, promovida por la presión de Estados Unidos.
Antonieta Rivas Mercado: cultura y compromiso político
La trayectoria política de Vasconcelos estuvo ligada al apoyo de Antonieta Rivas Mercado, admiradora suya y patrocinadora de su campaña. En las presidenciales de 1929, el resultado le otorgó el 5 % de los votos, frente al 95 % de Pascual Ortiz Rubio. Según recoge EFE en Los Angeles Times, muchos consideran aquellos comicios el primer fraude electoral del Partido Nacional Revolucionario (PNR), precursor del PRI.
Rivas Mercado, nacida en Ciudad de México el 28 de abril de 1900, desarrolló una actividad cultural que fue más allá de ese respaldo político. Ejerció como mecenas del Teatro Ulises y del grupo de los Contemporáneos, además de fundar y financiar la Orquesta Sinfónica de México, dirigida por Carlos Chávez. También fue la primera persona que tradujo obras de Federico García Lorca a otra lengua.
Su colaboración con Vasconcelos incluyó la fundación de la revista Antorcha. Según la Secretaría de Cultura de México, Rivas Mercado trabajó asimismo en la Secretaría de Educación Pública, donde creó el primer departamento de asuntos indígenas.
La muerte en Notre Dame y el juicio de la columnista
Hernández Ochoa relata que Rivas Mercado siguió a Vasconcelos a París, donde él se había refugiado después de su derrota electoral. Describe una situación marcada por la frustración ante una derrota que califica de ilegal, la reducción de su fortuna y la ruptura matrimonial, que incluyó la pérdida de la custodia de su hijo. A esas dificultades añade el sufrimiento que le causaba la indiferencia de Vasconcelos ante sus problemas emocionales.
Rivas Mercado padecía depresión y el 11 de febrero de 1931 se quitó la vida de un disparo en el pecho dentro de la catedral de Notre Dame. EFE precisa que se disparó en el corazón y recoge, como una creencia y no como un hecho confirmado, que utilizó la pistola del propio Vasconcelos.
La columna señala que la muerte tuvo repercusión mundial tanto por producirse en un recinto religioso como por la relevancia de Rivas Mercado como mecenas. Hernández Ochoa atribuye a Vasconcelos una responsabilidad moral, no penal, y le reprocha haberse desentendido del caso y de los restos, que quedaron en una tumba anónima. Según Horizontes de Gestión Cultural, fue enterrada el 16 de febrero de 1931 en el cementerio de Thiais, en las afueras de París.
Su muerte inspiró la película "Antonieta" (1982), dirigida por el español Carlos Saura y protagonizada por la actriz francesa Isabelle Adjani.









