El ataque y el proceso judicial
Los hermanos gemelos Carlos y David "N", de 18 años, entraron en el centro hacia las 8:30 del 1 de octubre de 2026 con machetes y petardos. Según El País México, agredieron a sus víctimas en la entrada y en los baños. Profesores y alumnos cerraron las puertas de las aulas para protegerse. La fallecida era la profesora y subdirectora Nedi Edith.
N+ informó además de la agresión a Romina, una estudiante que había sido compañera de los hermanos. La atacaron con un arma blanca antes de entrar en la escuela y ella consiguió refugiarse en una vivienda cercana.
A falta de una reconstrucción oficial completa, vecinos y alumnos situaron el inicio de los hechos al sonar el timbre de la tercera clase. Los estallidos, que algunos confundieron con disparos, y las peticiones de auxilio alertaron a los residentes de la zona. Estos entraron en el recinto y fueron los primeros en prestar ayuda. Varios vecinos y estudiantes redujeron a los hermanos, conocidos como "Los Cuates", y los golpearon.
El 4 de octubre, un juez de control de Torreón vinculó a proceso a ambos por homicidio calificado y homicidio calificado en grado de tentativa, con las agravantes de ventaja, alevosía, brutal ferocidad y saña. Decretó prisión preventiva justificada y un plazo de seis meses para la investigación complementaria, hasta el 4 de abril de 2027. Según Noroeste / Animal Político, podrían afrontar una condena de hasta 60 años de prisión.
El director, Gerardo Villarreal Pulido, recibió el alta hospitalaria el 9 de octubre. Vanguardia informó de que, en esa fecha, el profesor de español Ricardo Quintanar y el alumno Alexis seguían ingresados y evolucionaban favorablemente. El estudiante fue operado para reconstruirle el brazo izquierdo; no perdió la extremidad.
Demandas de protección y medidas oficiales
La difusión de imágenes en redes sociales comenzó casi a la vez que la llegada de patrullas y ambulancias. Antes de la resolución judicial, las críticas ya alcanzaban a los hermanos, a sus padres y a las autoridades. Un agente que vigilaba la escuela al día siguiente del ataque expresó su malestar por las acusaciones contra los policías y por la dificultad de anticipar las acciones de otras personas.
Entre las respuestas que estudian algunos centros están el refuerzo de los accesos y la revisión de los protocolos para impedir la entrada de armas u objetos peligrosos. El Gobierno de Coahuila inició la limpieza y el refuerzo de la seguridad de la secundaria, además de poner en marcha atención socioemocional mediante terapias y reuniones para docentes, alumnos y familias.
En el ámbito federal, el Gobierno anunció que preparaba un decreto para exigir a las plataformas digitales que detecten, comuniquen y retiren contenidos que inciten a la violencia. El Centro Nacional de Inteligencia y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana mantienen, asimismo, la vigilancia de redes sociales y servicios de mensajería para identificar amenazas contra entornos escolares.
La desconfianza como problema de fondo
Para el sociólogo y decano Lerins Varela Castro, lo sucedido refleja un deterioro de las redes de apoyo social y un avance del aislamiento frente a la confianza colectiva. Interpreta las peticiones de colocar una patrulla o un policía en las escuelas como una expresión de esa desconfianza, que también afecta a la relación con las instituciones y con los vecinos.
"Todo lo queremos resolver con más armas, con más policías, más, ¿por qué? Porque somos una sociedad que desconfía de todo. Entonces, ¿para qué quiero yo un policía ahí afuera si desconfío del policía? El problema es que construimos una sociedad que tiene mucha desconfianza de todo", señaló a Milenio.
Varela Castro considera que esa actitud favorece la búsqueda de respuestas superficiales y punitivas. También la relaciona con la decisión de no denunciar un delito para evitar problemas. A su juicio, aumentar las patrullas no sustituye la necesidad de reconstruir la confianza.
El sociólogo sitúa otro foco de atención en los hogares. Al hablar de violencia contra la infancia, sostuvo que entre el 60 y el 70 % procede de familiares cercanos.
Disciplina, violencia y apoyo familiar
La Fiscalía de Coahuila señaló que los gemelos procedían de un contexto de grave desintegración familiar y que no había indicios de consumo de alcohol o drogas. También indicó que se habían inspirado en otros ataques escolares conocidos a través de foros en redes sociales y que idolatraban a figuras extranjeras.
En su reflexión sobre la violencia infantil, Isaías Rivera Salas, obispo supervisor del Distrito de Gómez Palacio de la Iglesia Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, advierte de que ciertas prácticas aceptadas como disciplina pueden causar daño. No lo limita a los golpes: incluye la humillación, el rechazo, la falta de atención y crecer en un ambiente dominado por el miedo.
El obispo identifica como factores de vulnerabilidad la repetición de la violencia entre generaciones, las dificultades económicas, las adicciones y la falta de herramientas para criar con respeto. Propone distinguir la autoridad del autoritarismo y la disciplina del castigo físico, con hogares donde el diálogo, el afecto y la coherencia acompañen a unos límites claros.
Lucero Cruz López, con formación de máster en psicoterapia infantil e infantojuvenil, explica que la conducta agresiva depende de diversos factores: el entorno familiar y social, las experiencias individuales y la educación recibida. Sus manifestaciones pueden ir desde amenazas anónimas en redes hasta delitos como el homicidio. La especialista citó un dato según el cual el 55,5 % de los niños y niñas habían sido educados mediante la violencia.
Según Cruz López, tanto los castigos físicos y la imposición como una permisividad sin normas pueden dejar a los menores sin recursos emocionales para afrontar la ira y la frustración. Advierte también del distanciamiento afectivo de algunos padres, que ceden espacio a los dispositivos digitales como lugar donde sus hijos buscan validar sus emociones.
La psicoterapeuta recuerda que, durante la adolescencia, la crisis de identidad hace especialmente necesario el apoyo familiar. Cuando los jóvenes no encuentran ese vínculo en casa y las redes sociales son su único sostén, pueden buscar aceptación en entornos perjudiciales para ellos y para otras personas.
Qué señales deben observar las familias
Cruz López recomienda prestar atención a comportamientos negativos que se repiten o ganan intensidad, a la falta de empatía y tolerancia, al daño a animales, a cambios bruscos de ánimo y al aislamiento o la desmotivación.
Aconseja a madres, padres y tutores revisar si su propia educación está influyendo de forma negativa en la crianza y comprender la etapa de desarrollo de sus hijos. También pide dedicarles atención de calidad, ya sea durante una hora de tareas escolares o en 15 minutos disponibles, y solicitar ayuda profesional cuando sea necesario.
El programa municipal de prevención
La Dirección de Seguridad Pública de Torreón ha atendido a 231 adolescentes mediante el programa Aplicate en poco más de un año de funcionamiento. La mayoría llegó por faltas administrativas, aunque también se realizan derivaciones preventivas antes de que se cometa una infracción.
La dependencia incluye entre los motivos más frecuentes los actos que clasifica como inmorales, las alteraciones del orden bajo los efectos de sustancias o en la vía pública —en ocasiones con motocicletas—, las amenazas y el consumo de vapeadores, tabaco o drogas ilícitas. También figuran la distribución de contenido sexual, los grafitis, llevar armas blancas, participar en peleas y los robos.
Aplicate busca ayudar a las familias a corregir conductas negativas de los adolescentes. Si los hechos constituyen un delito o las personas implicadas son mayores de edad, los casos se remiten a un juez cívico o al Ministerio Público.










