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La educación financiera en México, entre el acceso a productos y los hábitos cotidianos

Rosa Irma Castro Peñuelas reclama una formación financiera más práctica en su columna del 25 de octubre en Debate. Su reflexión aborda las dificultades para administrar el primer sueldo, ahorrar y utilizar el crédito, mientras la ENIF 2024 muestra que el 76,5 % de las personas de 18 a 70 años en Mé…

Del conocimiento económico a la gestión del dinero

Castro Peñuelas sitúa una de las carencias en la preparación de los jóvenes: tras más de una década de estudios orientados al empleo, muchos llegan a su primer salario sin saber cómo administrarlo, preservar su valor frente a la inflación o utilizar una tarjeta sin acumular una deuda duradera. La educación financiera fue uno de los programas que el Centro de Innovación y Educación (CIE) desarrolló durante varios años y el tema central del congreso Claves: educación financiera y ahorro para todos.

La columnista recoge un diagnóstico de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera y del estudio de Santander "El valor de aprender": aunque la mayoría reconoce nociones como inflación, intereses, riesgo y diversificación, persisten dificultades para elaborar presupuestos, ahorrar por vías formales y contar con fondos de emergencia.

A juicio de la autora, el problema no se limita a los ingresos: atribuye las dificultades a la falta de hábitos de administración, tanto entre los sectores más vulnerables como entre profesionales con ingresos estables. También vincula la ausencia de planificación con el estrés y la inestabilidad emocional en los hogares. Su propuesta es tratar el ahorro como una prioridad, en vez de reservar únicamente el dinero que quede después de gastar.

Qué revelan las encuestas sobre ahorro y presupuesto

El INEGI y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) publicaron los resultados de la ENIF 2024 el 13 de marzo de 2025. Según esa encuesta, el acceso a al menos un producto financiero formal —cuenta de ahorro, crédito, seguro o afore— alcanzó al 76,5 % de la población de 18 a 70 años, 8,1 puntos porcentuales más que en 2015. En ese mismo grupo, un 63,0 % tenía alguna cuenta de ahorro formal y un 37,3 % disponía de crédito formal.

La encuesta distingue ese acceso de las formas de ahorrar. En 2024, el 36,6 % de las personas de esas edades ahorró únicamente por medios informales y el 8,2 % lo hizo exclusivamente en cuentas formales. El porcentaje que no ahorraba de ninguna manera descendió del 39,8 % en 2021 al 33,6 % en 2024.

También hay diferencias entre anotar gastos y llevar un presupuesto: el 65,3 % registraba sus propios gastos o los del hogar, mientras que el 23,9 % mantenía un presupuesto o un registro de ingresos y gastos.

Por otra parte, Castro Peñuelas cita la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera, realizada por el INEGI en colaboración con la CONDUSEF. Según los datos que recoge, alrededor del 48 % de la población adulta carecía de un esquema de ahorro institucionalizado. La puntuación nacional de salud financiera era de 52,8 sobre 100 y la de estrés financiero, de 59,5 puntos. Un 52,0 % contaba con algún ahorro y un 36,2 % tenía deudas. La autora advierte además de la confusión habitual entre el dinero propio y el disponible mediante una línea de crédito comercial o bancario.

Una estrategia centrada en las prácticas financieras

El Gobierno federal presentó en 2025 la Estrategia Nacional de Educación Financiera 2025-2030, coordinada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el Comité de Educación Financiera. Según explica la columna, su propósito es que la difusión de información dé paso a una formación que se traduzca en comportamientos prácticos y contribuya al bienestar y a las capacidades económicas de la ciudadanía.

El documento oficial fija seis objetivos. Dos se centran en extender la educación financiera dentro y fuera del sistema escolar y en desarrollar capacidades, incluidas las digitales. Otros dos buscan reforzar las campañas y los mecanismos de protección del ahorro, así como mejorar el conocimiento de los productos financieros entre la población y las micro, pequeñas y medianas empresas para prevenir el sobreendeudamiento. Los restantes incorporan la sostenibilidad y los riesgos climáticos a la formación financiera y refuerzan la coordinación entre instituciones, también en el ámbito internacional.

La igualdad de género y la inclusión de grupos en situación de vulnerabilidad atraviesan todos esos objetivos. La propia estrategia señala que el índice de comportamientos financieros de la población mexicana subió de 48 a 52 puntos entre 2018 y 2024, una evolución que interpreta como un avance gradual y sostenido de las prácticas responsables.

Castro Peñuelas también destaca la oferta de plataformas gratuitas y cursos interactivos de las principales instituciones públicas y financieras mexicanas. En su planteamiento, aprender a generar recursos y a conservarlos no debe quedar reservado a los inversores, sino formar parte de las decisiones cotidianas.

La formación desde la infancia

Un análisis de BBVA Research aporta una referencia internacional, con una salvedad: México no participó en la evaluación de alfabetización financiera de PISA 2022. Entre los países y economías de la OCDE que sí participaron, más de dos tercios de los alumnos de 15 años declararon haber aprendido en la escuela, durante los 12 meses anteriores, conceptos como salario (73 %), presupuesto (70 %) o préstamo bancario (68 %).

Para México, BBVA Research estimó en un análisis de 2026 que alrededor de uno de cada diez menores de entre 6 y 17 años había presentado indicios de uso o acceso a tarjetas o servicios financieros en 2025.

SHCP
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