Más participación y una ventaja de cuatro millones de votos
El resultado del 25 de octubre de 2026 cambió el orden de la primera vuelta. El 4 de octubre, Bolsonaro había aventajado a Lula en dos puntos porcentuales y unos 2,2 millones de votos, según los datos oficiales del Tribunal Superior Electoral de Brasil recogidos por EFE. En la ronda definitiva, Lula reunió 64,2 millones de sufragios y su adversario, 59,8 millones: una diferencia de más de cuatro millones.
También aumentó la participación, que alcanzó el 80,8% de un censo de 159 millones de electores. Según el tribunal, citado por EFE, la abstención quedó en el 19,2%, el nivel más bajo desde 2006 y dos puntos por debajo de la primera vuelta. En aquella convocatoria se había abstenido el 21,1% del censo, más de 33 millones de personas.
En su columna de Milenio, Javier García Bejos atribuye la remontada a la movilización de quienes no habían votado, a una campaña digital más eficaz y a la captación de apoyos de candidaturas eliminadas. Su lectura es que Lula consiguió llegar a electores ajenos a la izquierda tradicional al presentar su continuidad como una opción de mayor estabilidad que la vuelta del bolsonarismo, sin abandonar sus convicciones.
García Bejos destaca que ningún candidato había perdido la primera vuelta y ganado la segunda en la historia reciente de Brasil. No interpreta el desenlace como el comienzo de una hegemonía progresista, sino como una muestra de la capacidad de Lula para ajustar su estrategia y persuadir más allá de sus partidarios.
La respuesta de Bolsonaro
Flávio Bolsonaro también trató de ampliar su base electoral con un tono menos estridente que el de su padre y buscando a votantes alejados de las posiciones más radicales de la derecha. Para el columnista de Milenio, ese cambio de discurso no fue suficiente para superar la carga política del apellido. El expresidente Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de cárcel por organizar un golpe de Estado con el que pretendía mantenerse en el poder después de perder las elecciones de 2022, según EFE.
Tras la segunda vuelta, Flávio Bolsonaro rechazó reconocer la victoria de Lula y anunció que solicitaría la "anulación" de las elecciones ante la Justicia. Según EFE, alegó la decisión de Cristiano Zanin, magistrado del Tribunal Supremo y exabogado de Lula, de prolongar dos horas la votación en todo el país.
García Bejos considera que esta negativa inicial pone de relieve las dificultades de algunos sectores para aceptar las reglas democráticas. Advierte, a la vez, de que el resultado presidencial no supone una aprobación sin reservas del proyecto de la izquierda y de que los avances parlamentarios de la derecha no justifican desconocer la victoria de Lula.
El mandato dependerá de los acuerdos parlamentarios
El principal límite institucional para Lula estará en el Congreso. El Partido Liberal de Flávio Bolsonaro aumentó su representación de 98 a 121 diputados y de 15 a 28 senadores. Según CNN Brasil y France 24, será la mayor bancada de ambas cámaras y tendrá la representación más numerosa alcanzada por un solo partido desde la Constitución de 1988.
Otro actor necesario para formar mayorías será el Centrão. Este bloque de partidos pragmáticos, que no constituye una fuerza progresista, reúne a PSD, União Brasil, Republicanos y PP. Suma 171 escaños en la Cámara de Diputados, según el recuento de CNN Brasil posterior a la primera vuelta.
Ese equilibrio obligará al presidente a negociar los presupuestos y las iniciativas legislativas. García Bejos prevé concesiones difíciles de aceptar para los sectores más ideológicos de su partido y señala cuatro ámbitos que exigirán acuerdos: la disciplina fiscal, la financiación de los programas sociales, la seguridad pública y las relaciones entre el Ejecutivo y el Poder Judicial.
La reivindicación del centro que plantea el columnista no equivale a considerar buena cualquier transacción. En su análisis, el pragmatismo puede permitir reformas necesarias, pero también servir para distribuir privilegios entre élites políticas. A sus 80 años, Lula afronta así un reto distinto del electoral: gobernar con fuerzas que no comparten su proyecto y en un país cuya diversidad política sigue intacta.
Un revés regional con límites
García Bejos sitúa la victoria de Lula como un contratiempo para la influencia de Donald Trump sobre las nuevas derechas latinoamericanas: la mayor economía de la región no quedará en manos de uno de sus aliados más cercanos. Eso no significa, matiza, una derrota general del trumpismo. France 24 señala además que Trump no respaldó expresamente a Flávio Bolsonaro y que, al ser preguntado por las elecciones el día de la segunda vuelta, respondió: "Estamos observando".
El columnista relaciona ese límite electoral con el desgaste de Javier Milei en Argentina y con las dificultades de convertir un discurso antisistema en resultados de gobierno sostenibles. Su argumento es que la confrontación puede atraer votos, pero no sustituye la gestión ni la construcción de acuerdos. También rechaza deducir de ambos casos una retirada general de las derechas latinoamericanas, que conservan una fuerza electoral, territorial y parlamentaria considerable.
Una encuesta nacional presencial de CELAG Data, realizada del 30 de septiembre al 20 de octubre de 2026 y difundida por Diario Junio, recoge ese desgaste en Argentina. El 60,7% de los consultados valoró negativamente la gestión de Milei, frente al 21,3% que la evaluó de forma positiva. Su imagen personal obtuvo un 58,2% de opiniones negativas y un 38,6% de positivas. Además, el 89,6% afirmó que llegaba a fin de mes con mucho esfuerzo o que no llegaba.










