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El IPN detecta microplásticos en el aire de Querétaro, sobre todo fibras de rayón y poliéster

Un estudio con muestras recogidas durante 14 meses en Querétaro confirmó la presencia de microplásticos a la altura a la que respiran las personas. La investigación también analizó los microorganismos del aire, mientras siguen abiertas las preguntas sobre los efectos de estas partículas en la salud.

Fibras textiles y otros plásticos

Las fibras y los filamentos constituyeron la mayor parte de los microplásticos detectados por el Instituto Politécnico Nacional (IPN) en la atmósfera urbana de Querétaro. Predominaron el rayón y el poliéster, aunque también se encontraron nailon y poliestireno, según informó la Gaceta Politécnica del IPN el 19 de octubre de 2026.

Regina Hernández Gama, del Centro de Investigación en Ciencia Aplicada y Tecnología Avanzada (Cicata) Unidad Querétaro, explicó a La Jornada que el estudio buscaba obtener datos locales sobre la cantidad y la composición química de estas partículas. La abundancia de fibras sorprendió al equipo; la investigadora la relacionó con el uso extendido de materiales sintéticos en la ropa y en productos como bolsas de supermercado, mantas y lonas.

El poliestireno, conocido en México como unicel y utilizado en envases desechables para alimentos, es además objeto de otra investigación. La Gaceta Politécnica señala que el Cicata Querétaro y la Universidad Autónoma de Querétaro estudian su degradación mediante larvas de insecto que comen plástico.

Muestreo a un metro y medio del suelo

El equipo distribuyó por la ciudad ocho colectores metálicos diseñados por el Instituto Noruego de Investigación del Aire. Los dispositivos recogieron muestras durante 14 meses, entre 2023 y 2024. Se situaron a un metro y medio del suelo para captar las partículas suspendidas a la altura de la respiración humana.

Según la Gaceta Politécnica, las doctoras Regina Hernández Gama y Mónica Araceli Vidales Hurtado dirigieron el estudio. Ambas pertenecen al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), con Nivel I. La propuesta inicial partió de Ana Sánchez, del Cicata, y reunió después a especialistas en química, análisis de imágenes por ordenador, mecatrónica, sostenibilidad y biotecnología.

Evitar que el propio laboratorio introdujera plástico en las muestras exigió precauciones específicas: utilizar vidrio o metal en lugar de materiales plásticos, prescindir de la ropa sintética y dar preferencia al algodón. Hernández Gama recordó que también se retiraban las pelusas de la ropa antes de trabajar.

A estas dificultades se suma la falta de criterios comunes de medición. La científica señaló que equipos de China y Estados Unidos emplean técnicas distintas, lo que complica la comparación de resultados. Por ello defendió una mayor colaboración para acordar métodos que produzcan evidencias comparables.

Qué se sabe sobre la exposición y la salud

Hernández Gama considera prioritario investigar las posibles consecuencias de los microplásticos para la salud. "Hoy día no hay reportes que nos permitan confirmar de una manera clara y contundente exactamente cuál es el efecto de los plásticos en el cuerpo", declaró a La Jornada. Propuso impulsar estudios rigurosos que permitan examinar su relación con enfermedades o procesos inflamatorios.

Una revisión narrativa publicada en Swiss Medical Weekly el 17 de junio de 2026 ofrece un contexto más amplio sobre la exposición, sin aportar una estimación específica para Querétaro. Calcula que un adulto puede inhalar desde unas 1200 partículas de microplástico al año en lugares remotos hasta más de 1,5 millones en zonas urbanas muy contaminadas.

La revisión también recoge que el biomonitoreo humano ha confirmado microplásticos en pulmones, sangre, placenta, leche materna, heces y, más recientemente, tejido cerebral. Asimismo, señala evidencias de que pueden atravesar barreras biológicas, incluida la hematoencefálica.

Para Hernández Gama, la investigación sanitaria debe ir acompañada de una mayor conciencia social sobre el consumo de plástico. La científica reconoció las comodidades que aporta este material, pero advirtió de su incorporación excesiva a la vida cotidiana y planteó la necesidad de buscar formas de reducir su uso.

Microorganismos y resistencia a los antibióticos

La parte del trabajo de Hernández Gama examinó simultáneamente la cantidad de microplásticos y los microbios del aire. Su alumna de máster Alpha Caudana Campos se encargó del muestreo, de caracterizar químicamente los microplásticos, de extraer el ADN y de secuenciar las bacterias.

Entre las bacterias identificadas figuraban representantes de Pseudomonadota, Cyanobacteriota y Bacteroidota. La Gaceta Politécnica informó de cientos de microorganismos en las muestras, varios de ellos potencialmente patógenos, capaces de afectar tanto a quienes los respiren como a algunas plantas.

Uno de los próximos pasos será averiguar cuáles de esas bacterias presentan resistencia a los antibióticos. Hernández Gama explicó que esa característica podría dificultar el tratamiento convencional si alguna llegara a causar una enfermedad.

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